Las flautas deben quedar crujientes por fuera, bien enrolladas y rellenas de punta a punta, sin que se abran por la mitad y se salga la mitad del relleno al freírlas. La buena noticia es que conseguir que salgan bien tiene menos que ver con el relleno y más con unas cuantas técnicas sencillas.
Lo imprescindible es: empezar con tortillas calientes y flexibles; elegir un relleno que no sea demasiado húmedo; y enrollarlas bien apretadas. A partir de ahí, rellénalas con pollo desmenuzado, ternera, alubias, puré de patatas o lo que tengas en la nevera. Fríelas para conseguir ese clásico crujido dorado, o hornéalas o prepáralas en la freidora sin aceite para una versión igualmente ideal para las cenas entre semana. ¿Quieres ir un paso más allá? Sumérgelas en salsa para hacer flautas ahogadas.
